Activista encubierto revela imágenes secretas de monos gritando de dolor en un laboratorio

Atados con arneses metálicos, encerrados en las inhóspitas jaulas de un laboratorio sin ver la luz del día, sometidos a los tratos más maquiavélicos que podrían siquiera pasar por la mente humana. ¿Su crimen? ¡No tener voz! Y todo para satisfacer las miras egoístas y los intereses económicos que se mueven detrás de la industria.

Es la cruda realidad a la que ha tenido acceso un activista de la organización de defensa de los derechos de los animales, Soko Tierschutz, que con la cooperación de otra ONG llamada Cruelty Free International, han logrado desenmascarar el infierno al que eran sometidos monos, perros y gatos en un laboratorio alemán.

El Laboratorio de Farmacología y Toxicología (LPT, por sus siglas en inglés) se encuentra en Mienenbuttel, Baja Sajonia.

El activista logró encontrar un empleo en el mencionado laboratorio con el único fin de lograr grabar lo que sucedía en el interior, pero jamás imaginó ser testigo del horror que presenció.

Monos, gatos, perros y conejos eran sometidos a pruebas de toxicidad para ver sus posibles efectos en humanos, después de lo cual terminaban sangrando y gritando de dolor.

Un impactante video, que lo hemos omitido, revela los terribles tratos a los que son sometidos los animales durante las pruebas.

Los monos parecen estar atrapados en arneses metálicos, mientras gritan desesperadamente como si se enfrentaran a una condena.

«Los animales aún meneaban la cola cuando los llevaban para matarlos, los perros estaban desesperados por el contacto humano», dijo Friedrich Mülln, de Soko Tierschutz.

Los macacos son pequeños primates que a menudo son utilizados para experimentos en los laboratorios.

El trabajador encubierto reveló que muchos animales adquieren conductas agresivas y se los ve girando en círculos. 

Las tristes imágenes revelan a los monos atados a los asientos en filas en la pared, otros tienen la cabeza contenida y algunos en medio de la angustia tratan de escapar.

Más desgarrador incluso es ver a los perros de raza beagle con tubos metidos en su garganta, mientras son sometidos a los inhumanos tratos de profesionales no entrenados que les administran hasta 13 inyecciones por día, dejándolos sufrir hasta que mueren.

Los activistas han denunciado el caso a la policía, pero hacen un llamado ya que las leyes en Alemania no protegen lo suficiente a los animales con los que se hacen experimentos.

LPT realiza pruebas de toxicidad para compañías farmacéuticas, industriales y agroquímicas de todo el mundo para cumplir con los requisitos de los gobiernos y las autoridades reguladoras.

«Las pruebas de toxicidad implican envenenar a los animales para ver qué cantidad de una sustancia química o droga se necesita para causar daños graves, en un intento de medir la dosis ‘segura’ para los humanos», dijo una portavoz de Cruelty Free International.

Tras inhalar las sustancias, los animales presentan vómitos, hemorragias internas, dificultad respiratoria, fiebre, pérdida de peso, letargo, problemas de la piel, insuficiencia orgánica e incluso la muerte .

Lo más despiadado es que no reciben ningún tipo de anestésico ni paliativo para el dolor.

«Nuestra investigación ha descubierto un terrible sufrimiento animal, una atención inadecuada, malas prácticas e infracciones de las leyes europeas y alemanas. Hacemos un llamado para que se cierre el LPT», concluye la portavoz.

Quisiéramos que la realidad fuera otra, pero tristemente es algo que sucede en el mundo y este es un solo caso. No podemos claudicar con este tipo de atrocidades, convirtámonos en su portavoz compartiendo esta noticia y exigiendo justicia. ¡Basta ya!

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