Nació sin orejas, pero su dueña le tejió unas de punto para que no se sintiera mal

La naturaleza a veces nos depara algunas situaciones inesperadas, sin embargo, es hermoso ver historias como estas, donde el amor y el cuidado impulsan a quienes tiene algunas limitaciones a vivir con un gran entusiasmo cada día.

Mimi es una adorable conejita que nació sin orejas y con tres patas. Ella es completamente sorda, pero eso no le ha impedido ser feliz y disfrutar del amor que recibe.

Mimi es una mascota agradecida con Rodajia Welch, de 22 años una trabajadora de la cariad de 22 años, que adoptó no solo a Mimi, sino que también se trajo a casa a su madre y a toda la camada después de que su cuidadora de 77 años se vio obligada a abandonar a los conejos tras enfermarse.

Rodajia decidió cuidar y atender a estos conejitos hasta que tengan la edad suficiente para separarse, pero mantendrá a Mimi como su mascota.

Mimi se ve un poco diferente a sus hermanos, pero Rodajia no quería que ella se sintiera excluida y se le ocurrió tejer un par de orejas y posteriormente hacerle otras como reemplazo.

«Mientras investigaba con mi novio Josh nos encontramos con los Kemonomimi, donde los personajes tienen orejas de animales”.

Los Kemonomimi describen personaje con alguna característica animal, específicamente orejas, cola y garras.

Es una hermosa mota de algodón, se ve fantástica con sus gorros tejidos

«Fue perfecto porque ella no tenía oídos y podía ser lo que quisiera ser. Me emocioné mucho y decidí hacerle su propio par de orejas de conejo».

Un día normal, Mimi usa orejas blancas tejidas con un centro rosado, pero a veces le colocan coronas de flores de punto y orejas de ratón redondeadas.

De la camada ella es la más pequeña por lo que se cree que su discapacidad fue producto una falta de oxígeno o una alimentación insuficiente durante su formación y desarrollo.

Definitivamente esta pequeña mota de algodón tuvo la suerte de haber encontrado un hogar lleno de amor con Rodajia, quien está pendiente de ella y de sus hermanos todo el tiempo.

«Ella me deja ponerle las orejas, pero por razones de seguridad no las hago un nudo, así que, si quisiera, las podría quitar con toda facilidad».

Rodajia cuida de que los hermanos de Mimi no estén cerca cuando ella usa las orejas porque ellos podrían intentar comérselas.

«A veces ella misma intenta morder la cinta, pero luego se la quito o la muevo para que no pueda alcanzarla. Los otros conejitos no están cerca cuando se las pongo, probablemente tratarían de masticarlas».

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Realmente es una historia conmovedora, Rodajia es uno de esos ángeles en la tierra que ayudan y protegen a los animales indefensos y que necesitan cuidados especiales. Comparte esta tierna historia, y desde aquí un aplauso a tan linda iniciativa.

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