El drama del perrito que se vio obligado a no ladrar porque tiene que esconderse de los vecinos

Oso es un perrito que vive en A Coruña, España, para quien su corta vida no ha sido más que rechazo tras rechazo. Hace pocos años, su triste destino fue una perrera junto a otros 24 perros, estuvo a un paso de la muerte segura.

Pero afortunadamente, su suerte cambiaría después de que una protectora publicara las imágenes de Oso que rogaba por una familia. Fue así como Marta, al ver las fotos del perrito se enterneció por completo. Pero ella sabía claramente que en su edificio los perros estaban prohibidos.

«Nuestra comunidad lo prohíbe expresamente. Nos lo advirtieron cuando vinimos a vivir aquí», dijo Marta.

Sin embargo, al ver las caritas de esos 24 perros que sólo necesitaban un corazón que se compadeciera y les diera un hogar, ella no pudo decir que no.

«Nos ablandamos totalmente ante un caso así. Al final, estás echando una mano a un problema muy grave y decidimos adoptar uno», recuerda. «No íbamos a dejarlo ahí porque en la comunidad nos lo prohíban. Además, tenemos intención de cambiarnos de casa en el futuro».

Así que sin dudarlo, decidió llevarlo «a escondidas» a su piso, con su esposo Miguel, a sabiendas de que se podían meter en serios problemas. Las normas prohibitivas sobre la tenencia de perros en el edificio y en los pisos era clara.

«Vive como un polizón a expensas de que lo descubran. Es un riesgo que asumimos y va a estallar. Sabemos que va a llegar ese día en el que tendremos que decir: Sí, tenemos un perro, ¿qué pasa?», dice Marta.

El pobre Oso recibe todo el amor de sus dueños, pero de nadie más. No sabe lo que es menear la cola ante un desconocido que se le acerque a darle una caricia, no sabe lo que es salir a pasear, y si lo hace debe hacerlo en la noche, con el pánico de que alguien lo encuentre.

Su dueña dice que por el momento toman precauciones para evitar que la obliguen a despedirse de Oso. «Nos cercioramos de que no haya nadie cuando lo bajamos y luego esperamos un poco siempre antes de volverlo a subir. Lo llevamos en brazos para que esté tranquilo».

Además, cuenta que incluso no ladra, es como si hubiera aprendido que ser perro es un crimen.

«Solo llora bajito por las noches. Es normal, es pequeño, está en una casa nueva y encuentra todo extraño. Pero le metemos su camita en la habitación y ya se tranquiliza».

El drama de Oso es simplemente el reflejo de algo que sucede a diario en muchas comunidades. Los expertos revelan que ciertamente el propietario de un inmueble sí que puede prohibir una mascota si así está explícito en el contrato de alquiler. Sin embargo, cuando las comunidades lo prohíben, se entra en un dilema legal no fácil de resolver.

Mientras tanto, Marta y Miguel siguen disfrutando de Oso. Pero la vida que lleva el perrito no es ni por asomo la que merece, antes sufría por la desesperación de acabar en la muerte segura; ahora, porque lo pueden expulsar para siempre de su hogar, y quedar de nuevo en la calle.

Comparte esta historia para levantar la voz, no es posible que haya vecinos tan insensibles que no se den cuenta de lo que supone la presencia de un perrito inocente en nuestras vidas. ¡Cuánta gente irrespetuosa se cuela en una comunidad sin que nadie pueda hacer nada para que se vaya! La vida es muy injusta, ¿no te parece?

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