El misterio del perrito que miraba por la ventana todo el día hasta que no lo hizo más

Tres veces al día durante casi 1 año, el perro de Casey miraba con añoranza por la ventana, su mirada daba exactamente hacia la sala de estar de su vecina.

Al principio, la mujer pensó que su perrito solamente quería salir a pasear. Pero cada vez que ella lo sacaba todo esfuerzo parecía en vano.

El peludo insistía en ponerse detrás de la ventana, día tras día.

Casey empezaba a desesperarse, trataba de todas las formas de escudriñar qué sería lo que lo tenía tan absorto a su perro obligándolo a mirar fijamente a través de la ventana.

Lo que sucedió después nadie lo esperaba…

Un día que tuvo unos días libres en el trabajo, Casey aprovechó para pasar más tiempo junto a su perro.

Hasta que logró descifrar a la gatita de la vecina detrás de la ventana de enfrente

Vio cómo la gatita también lo miraba fijamente, en otro momento la minina se quedó dormida y su perro igualmente seguía contemplándola por la ventana. Todo esto le parecía extraño a Casey, ya que a su perro ni siquiera le gustan los gatos.

Entonces decidió seguir observando al par y quiso confirmar si la obsesión de su perro por la gata era un amor correspondido o no. Poco tardó en darse cuenta que sí, que el amor era mutuo, no hacían más que mirarse mutuamente todo el día y esa era la verdadera causa de la distracción de su perrito.

El adorable ritual ya empezó a formar parte de la vida de Casey, pero un día todo cambió. Notó que su perro estaba tirado en el suelo, como derrotado y su comida sin tocar. Pensó que estaba enfermo, así que lo llevó al veterinario.

El médico sólo le confirmó que el pequeño gozaba de buena salud. Casey regresó a casa dispuesta a descubrir qué le pasaba a su perro. Se quedó atónita cuando ni siquiera volvió a la ventana, otra vez se tiró al suelo, como si ya nada le importara.

Casey decidió averiguar de nuevo qué podía estar pasando, y no tardó en descubrir que la ventana de la vecina ahora estaba llena de macetas que lo tapaban todo e impedían que la pareja siguiera contemplándose mutuamente.

La mujer quiso hacer lo que fuera para consolar a su perrito, comprándole juguetes, llevándolo de paseo, pero nada parecía funcionar.

Entonces sólo le quedaba una opción y era hablar con la vecina, como no pasaba casi en su casa, decidió escribirle una nota contándole todo lo sucedido:

«Esto es ridículo, pero debes saber que mi perro está perdidamente enamorado de tu gata», decía parte de la carta. «Cuando pusiste las macetas le has roto el corazón, ¿podrías buscar otra ventana para tus plantas?», culmina el curioso mensaje.

Casey temía ser el hazme reír del barrio, pero para su sorpresa la vecina respondió con un gesto que no se esperaba.

Entendió que la felicidad de los animalitos era mucho más importante que sus plantas, retiró todas las macetas y pegó otro cartel en su ventana:

«Por el amor verdadero».

Ahora que las dueñas sabían de la profunda relación de amor a la distancia de sus mascotas, pasaban en la ventana y se alegraron al ver que todo volvía a ser como antes. El perrito comió de nuevo y empezó a ser el mismo otra vez.

Este relato sólo nos demuestra que el amor verdadero entre mascotas es posible, incluso entre supuestos rivales como pueden ser los perros y los gatos. Ellos nos dan muestras sobradas de todo lo que puede caber en su dulce corazón. ¡No te vayas sin compartir esta tierna historia de amor!

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