En su último paseo de donde nunca regresó, su compañerito de vida caminó a su lado feliz

Sabemos que la muerte de tu mejor amigo peludo puede ser tan dura como la de un familiar, por ello es lógico que quieras despedirte de él como es debido.

Nadie está preparado para esto porque, una mascota no es solo un animal, es un ser extraordinario que aparece en nuestras vidas y, con el tiempo, un miembro más de la familia.

De hecho, la complicidad llega a ser tal, que sabemos lo que quieren con tan solo mirarlos. Por eso es que las mascotas se convierten en un ser querido más, y cuando tienen que dejarnos, todo se nubla a nuestro alrededor.

Dale Thompson y su mejor amigo peludo Murphy estuvieron juntos durante 14 años. Pasado el tiempo, Murphy comenzó a desarrollar un cáncer que poco a poco fue minando sus días. Dale, su humano inseparable de la vida nunca olvidará su último paseo con su mascota al veterinario, desde donde nunca regresó.

Dale y Murphy, compañeros inseparables

El fiel perrito siempre estuvo con él. Fue testigo de su progreso, desde sus primeros pasos como periodista hasta la compra de su casa propia. Eran los mejores amigos, con solo mirarse se sabían, se acompañaban, en fin, se querían con el alma, los huesos y el corazón.

Cada segundo al lado de Murphy era, para Dale, una bendición, pero además, una nueva aventura. Sencillamente, ninguno de los dos podía separarse del otro.

Murphy fue la inspiración de muchas hermosas imágenes que el fotógrafo capturó

Sin embargo, la muerte no prescribe, es lo más cierto, seguro y real que nos da la vida, y el tiempo de Murphy en la Tierra se estaba acabando. Después de un año de luchar contra un cáncer nasal y bucal que lo fue apagando, las cartas estaban echadas, Dale lo sabía, pero no estaba listo para enfrentarlo.

“Mi amado Murphy sufría demasiado y yo con él, no podía seguir soportando ver cómo mi mejor amigo me dejaba solo”, comentó Thompson con tristeza.

Esta situación irreparable llevó a Dale a tomar la mejor decisión, la más sana. El hombre se dedicó aún más a su perrito, lo aprovechó lo más que pudo durante sus últimos días, le dio su comida favorita y pasearon cada vez que Murphy quería, todo para estirar las horas que les quedaban juntos antes del día final.

Mientras caminaban juntos por última vez hacia el lugar donde Murphy descansaría eternamente, Dale no podía dejar de llorar al recordar todos los buenos momentos de paz y alegría que pasó con su mejor amigo.

Y, precisamente, ese fue el último regalo de Murphy para Dale: la Paz. A pesar de los dolores, su debilidad y su visión reducida, el perrito caminó hacia el cadalso con alegría, relajado y concentrado, feliz de saber que Dale estaba a su lado.

“Dejó este mundo de la misma manera en que entró en él: con estilo, gracia y felicidad. Descansa en paz, mi amigo. Triste es algo que estaré un día después de haber llorado un millón de lágrimas y haber caminado un millón de pasos, pero ahora mismo, estoy a muchos kilómetros de tristeza”, fueron las únicas palabras con las que pudo describir sus últimos minutos con Murphy.

Definitivamente, el amor que nace y se desarrolla entre un humano y su mascota es muy fuerte, casi tan fuerte como el dolor que se siente al perderlas para siempre.

Comparte esta historia de amor con tus familiares y seres más queridos, haz de cada día uno nuevo y especial para ti y los tuyos, sean humanos o no. No somos eternos.

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