Gemidos de auxilio que venían de una pared de concreto alertan a un obrero que pasaba de milagro

Cuanto más indefensa es una criatura, más derechos tiene a ser protegida contra el peligro. Son muchas las personas de corazón noble que no se quedan de brazos cruzados cuando de salvar a un animalito indefenso se trata.

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Un humilde trabajador de la construcción, de Trinidad y Tobago, regresaba de un arduo día de labores cuando escuchó unos quejidos lastimeros que lo hicieron detener su marcha.

Siguió los sonidos que lo llevaron hasta detrás de una pared de concreto. Se trataba de un pobre perrito que había quedado atrapado en un agujero de la muralla.

Por suerte para el canino, no pudo encontrar a una persona más idónea para que lo ayudara a salir de su situación tan desfavorable.

Y es que, lejos de ignorar el hecho, siendo un obrero de buen corazón y con sus herramientas a mano, sacó de su mochila un martillo con el que empezó a abrir un boquete en la pared en construcción de la vivienda desalojada.

Se podía sentir el dolor y el pánico en los gemidos y ladridos a través de los cuales, en su lenguaje perruno, el animalito clamaba por ayuda. Por fortuna, la empatía de este trabajador permitió su rescate.

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Ante los ladridos desesperados, este trabajador finalmente entró en el sitio y realizó la operación con éxito. Mientras se esforzaba por sacar al perrito, al mismo tiempo, grababa todo con su teléfono.

El hombre logró quebrar y separar los restos de bloque de una manera tan cuidadosa y delicada, que el animal resultó completamente ileso durante y después del proceso de su extracción.

“Me dirigía a casa desde el trabajo, cuando escuché un ruido fuerte y varios perros ladraban. Al principio pensé que era un bebé llorando, pero al investigar, vi un cachorro atrapado en la pared de cemento”, dijo el trabajador.

Por fortuna, este dulce perrito, no solo tuvo la suerte de encontrarse con este sujeto tan empático y solidario, sino que además, como buen constructor, el hombre llevara sus utensilios de trabajo consigo ese día. De lo contrario, tal vez la historia hubiera podido ser distinta.

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“Afortunadamente, tenía mi martillo conmigo. Me siento muy orgulloso de saber que salvé la vida del cachorro”, dijo el hombre.

Cuando este héroe anónimo terminó de martillar y sacar al cachorro, pudo verlo con detenimiento. Nunca se supo cómo hizo para llegar hasta allí. Lo cierto es que, cuando los ojos del lanudo se posaron en su salvador, se calmó.

De inmediato, dejó de llorar y sus ladridos también se acallaron. Por fin se sintió seguro y muy agradecido por haber sido liberado por este ser tan humano, quien finalmente se convirtió en su héroe.

El respeto y la consideración de los seres humanos hacia los animales es inseparable del respeto y la consideración entre ellos mismos. Ayúdanos a compartir este pensamiento.

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