Mamá colibrí construye un perfecto nido con techo para proteger a sus polluelos

Es diminuto, muy veloz y está siempre cerca de las flores. Se trata del colibrí, un pajarito capaz de inspirarnos con su sola presencia. Se dice que cuando un colibrí se cruza en nuestra vida, ésta se llena de amor, de vitalidad y de energía. Por lo tanto, cuando vemos a uno de estos milagros voladores, la alegría regresa.

Estas hermosas aves construyen sus nidos suspendidos con ramas, plumas e hilos de tela de araña, que moldean usando su lengua y pisándolos. Por otro lado, se caracterizan por mostrarse sumamente agresivos y territoriales durante el proceso de incubación de sus retoños.

El colibrí es muy protector con su familia, sus nidos son un lugar sagrado diseñado con sumo cuidado.

Colibrí

Por nada del mundo se acercan a otro animal cualquiera mientras permanecen en su nido. Ellos cuidan con suma dedicación y celoso amor a sus tiernos polluelos recién nacidos, y los mantienen alejados de cualquier peligro.

De hecho, pocas construcciones en la naturaleza son capaces de imitar la sensación de calor de hogar que evoca un colibrí al construir su nido. Se trata de la arquitectura del amor. Son casitas hechas con mucho afán en las cimas de los árboles más altos y frondosos.

Hace poco más de un año, la conservacionista y defensora del medio ambiente de origen paraguayo, Bianca Caroline Soares, sorprendió con una publicación. Y es que, si bien está acostumbrada a ver cientos de nidos de colibrí, el último que encontró la dejó con la boca abierta.

La primavera pasada, mientras daba un agradable paseo, Bianca logró captar a una futura mamá colibrí muy particular. En su empeño de proteger a sus jóvenes emplumados, encontró una forma muy ingeniosa de hacerlo. Bianca quedó pasmada al observar que dicho nido incluía un resistente techo.

Sin duda que la casa de este animalito era la mejor del lugar. El hogar más acogedor del mundo. Bianca tuvo el privilegio de ver uno totalmente diferente a todos los que había visto alguna vez.

He visto muchos nidos de colibrí. Solo ese día vi cinco. Pero, de todos ellos, este nido techado fue, sin duda, el más ingenioso. Es una madre muy dedicada e inteligente”, dijo la ambientalista paraguaya.

Según también explicó Bianca, la hembra pone dos huevos blancos con un día de separación entre ambos. Posteriormente, los empolla por espacio de entre 12 a 16 días. Una vez los pequeños eclosionan, sus madres los alimentan a partir de néctar durante unos 14 días adicionales.

Cuando los bebés llegan a su cuarta semana de vida, comienzan a abandonar el nido progresivamente. Es entonces cuando comienzan su proceso de aprendizaje para encontrar sus alimentos por sus propios medios. Cuatro semanas después, ya con 8, es cuando se mudan definitivamente de hogar.

Pasaron los días, las semanas y los meses, y Bianca continuó visitando entusiasmada a aquel nido que le había impresionado tanto. Todo ello con la intención de realizar un seguimiento y observar de cerca el desarrollo de la extraordinaria familia colibrí.

Bautizó a la madre con el nombre de “Esmeralda”.

Tenía dos bebés colibríes. En los días más calurosos, seguramente esos bebés se beneficiaron del diseño de casa de su madre. Decidí bautizarla con el nombre de Esmeralda”, añadió Bianca Soares.

Y así, los bebés de Esmeralda fueron creciendo bajo el amparo de su amor incondicional, sanos y seguros. Una vez estuvieron listos para partir, parecieron despedirse de Bianca, quien dice haber sentido en ese momento una profunda calma espiritual.

Bianca espera que la ingeniosa construcción del nido por parte de esta pequeña gran mamá, inspire a las personas a cuidar del medio ambiente. Nosotros, desde nuestro lado, nos hacemos eco de su petición y de su anhelo.

Pongamos nuestro granito de arena. Cuidemos y respetemos a nuestro hábitat natural, porque de este solo hay uno y nos pertenece a todos y a cada uno de los seres vivos por igual.