Perrito ciego se niega a dejar el refugio, ya no sabe vivir sin su gato guía

Si crees que los perros y los gatos son enemigos acérrimos y que no se pueden ni ver ni en pintura, hoy te traemos una historia que te hará replantearte esa concepción tan manida, pero a la vez, completamente a años luz de la realidad.

Se trata del caso de Spike y Max. El primero es un perrito con trastornos de ceguera y Max, su fiel amigo felino.

Son como el dúo dinámico, más unidos que Bonnie & Clyde. Son amigos y cómplices, pero además, el noble minino ha contribuido enormemente a que su perruno tenga una vida más llevadera.

“El gato lo ha ayudado en su aventura por la supervivencia. Se siguen a todas partes, hacen todo juntos y duermen acurrucados”, dicen sobre Spike y Max.

Ambos se complementan de una manera hermosa y muy particular. Spike tiene 8 años, y Max, la misma edad, y se han acompañado toda la vida.

Ambos fueron dejados simultáneamente a las afueras de la Saving Grace Animal Society en Alix, una organización protectora de animales con sede en Alberta, Canadá.

Nunca se han separado ni por un segundo. Son los mejores camaradas que cualquiera podría querer tener. Sin embargo, sus responsables originales llegaron a la conclusión de que ya no podían cuidar de ellos de la manera en que necesitaban; de hecho, ambos animales se encontraban durmiendo a la intemperie.

“Recibimos una llamada respecto a un perro mayor y un gato, en una propiedad. Nos comentaron que, dadas las bajas temperaturas, sinceramente no sabían si tendrían la calidad de vida correcta y si eran capaces de proveer para ellos de la mejor manera”, dijo Erin Deems, directora ejecutiva de Saving Grace Animal Society, a medios locales.

Y es que, Spike depende completamente de Max para moverse. El felino es sus ojos, su guía incondicional y depositario de la confianza del canino. Según ha dicho Deems, el gato lo ha ayudado mucho a seguir adelante, van juntos a dondequiera. Incluso, cuando se van de paseo, Max se libera un poco, pero Spike lo busca desesperado.

Los voluntarios han quedado maravillados al ver cómo Max no deja a Spike para nada en absoluto. Lo lleva por las rutas más seguras e incluso ha desarrollado ciertos signos de comunicación: ronroneo corto o largo, tocar una o dos veces con la pata, un “Miau” prolongado o un silbido.

Así que no quedaba la menor duda de que este par debían ser adoptados juntos. Una foto publicada en la web logró que su sueño se cumpliera y finalmente, los dos amigos consiguieron su hogar para siempre junto a una joven que les dará la mejor vida que merecen.

Este par de criaturas entraron al refugio siendo amigos, pero se han vuelto más que hermanos:

El amor y la entrega mutua e incondicional no conoce de fronteras ni de especies. Comparte esta emotiva historia para convencer a todos sobre  la maravilla de adoptar.