Deja atrás su doloroso pasado y celebra sus 34 años como una orangután libre y feliz

En los últimos años por fin se ha venido considerando a los animales como seres que sienten y padecen, no como cosas o pertenencias de un humano, y menos aun objetos para su distracción. Prueba de eso, es que una orangután después de muchos años en cautiverio logró ser reconocida como persona no humana.

Sandra es un orangután que nació en el Rostock Zoologischer Garten de Alemania, en una fecha muy especial, el 14 de febrero de 1986.

Sus nueve primeros años fueron duros y solitarios, fue dejada por su madre y vivió encerrada dentro de una jaula de cemento. En septiembre de 1994, la enviaron a un Zoológico en Buenos Aires, Argentina, administrado por Gerardo Sofovich, un conocido empresario y conductor de televisión.

Para esos años, eran casi una moda los shows con animales exóticos mostrados en jaulas en los circos, y vestidos con trajes para divertir a las personas.

En la Navidad de 2013 en Palermo, Buenos Aires, ocurrieron cosas que saturaron a los grupos defensores de los derechos de los animales. Producto de muchos factores, entre ellos los excesivos fuegos pirotécnicos utilizados esos días, y las precarias condiciones de vida, murió un oso polar.

Sandra merece mucha felicidad

La ONG SinZoo realizó una contundente manifestación de rechazo a las condiciones en que vivían la mayoría de los animales, y miles de personas rodearon el zoológico solicitando la liberación de los animales.

Los legisladores volcaron su mirada hacia la problemática, y la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales hizo un reclamo formal, con todas las de la ley exigiendo el traslado de Sandra.

“Es inaceptable que ella esté encerrada en una caja de cemento”, expresó Andrés Gil Domínguez, un abogado constitucionalista.

Fue así como en 2015, la causa de Sandra llegó a manos de la Jueza Elena Liberatori, del Juzgado Contencioso, Administrativo y Tributario número 4 de la Ciudad de Buenos Aires.

“Estudié leyes para defender a los inocentes, y no hay nada más inocente que un animal”, dijo la magistrada.

Sandra fue considerada legalmente sujeto de derecho, y se ordenó a los dueños del zoológico garantizarle las condiciones naturales del hábitat, y todo lo necesario para preservar sus habilidades cognitivas.

Hubo mucha dificultad para que se ejecutara la sentencia, pero después de casi cuatro años, el 26 de septiembre de 2019 fue llevada a su nuevo hogar, el Center for Great Apes, ubicado en la localidad de Wachula en Florida, Estados Unidos.

Se trata de un santuario para orangutanes y chimpancés, que se han sacado del negocio del entretenimiento de animales exóticos.

Para Sandra la vida cambió, después de tantos años sin contacto con otros animales de su especie, ahora vive en compañía de un orangután llamado Jethro de 31 años.

“Él es bastante tranquilo y parece que le gusta Sandra, pero no la está presionando ya que también es tímido”, dijo Patti Ragan, fundadora del Center for Great Apes.

El pasado día de los enamorados Sandra celebró muy emocionada sus 34 años al lado de Jethro, ya son inseparables. Esperemos que ese día ambos hayan dejado la timidez, y quién sabe si pronto tengamos noticias de algún orangutancito en camino.

Sin duda, lo sucedido con Sandra es un gran avance en la defensa por los derechos de los animales. Todos y cada uno de los seres vivos merecen ser tratados con respeto y dignidad.

El desenlace de Sandra es el que deberían tener todos los animales que son sacados de su hábitat por personas que vulneran su libertad y el resto de sus derechos. Aplaudimos este maravilloso rescate, no te vayas sin compartirlo.

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