Una enorme ballena se traga un buzo de un solo bocado y después lo escupe entero

Una ballena es uno de esos animales respetables e imponentes, incluso para un buzo, quien aunque se crea conocedor del comportamiento de estos enormes mamíferos, jamás está preparado para convertirse en su bocadillo.

Colarse entre la presa y un depredador a veces tiene consecuencias inusitadas. Rainer Schimpf es una de las pocas personas que tienen la suerte de haberlo hecho y poder contarlo.

Quizás la cosa hubiera sido diferente si el animal que le hubiera engullido hubiera sido un tiburón. Pero no, fue una ballena. Una rorcual de Bryde, para ser más exactos, que paseaba por las costas sudafricanas y que decidió «amablemente» devolver al mar a Schimpf después de haberlo mantenido durante dos minutos en su boca junto a su cena.

Rainer Schimpf es un buzo con muchos años de experiencia, que ha realizado incontables viajes para documentar la migración de las sardinas hacia el sur de África.

El buzo no podía imaginar que sería tragado por una ballena

ballena

Su trabajo le ha permitido observar de cerca los animales más impensados pero nunca pensó que llegaría a conocer el interior de una ballena.

Recientemente, Rainer y su equipo se encontraban en las costas de Puerto Elizabeth, Sudáfrica, cuando sucedió algo que los dejó sin aliento.

Rainer se encontraba en el agua dando un vistazo a los animales del lugar. Sabía que en Puerto Elizabeth podía conseguir delfines, alcatraces y hasta tiburones pero nunca imaginó que se encontraría a una enorme ballena.

El rorcual de Bryde es una especie que puede medir hasta 15 metros y pesar 20 toneladas. Muy rara vez se deja fotografiar, así que no tenían noticia alguna de su presencia en esa zona.

De un momento para otro, Rainer sintió una enorme presión en sus caderas y todo se volvió negro: Una ballena rorcual lo había tragado.

“Sentí algo fuerte alrededor de mi cintura y supe de inmediato. Sólo fueron unos segundos. El rorcual se dio cuenta de su error y abrió la boca para escupirme”, dijo Rainer.

A pocos metros de allí se encontraba Heinz Toperczer, el  fotógrafo que formaba parte del equipo. Antes de darse cuenta del enorme peligro que su compañero buzo estaba enfrentando, tomó unas imágenes que lo capturaron a la perfección.

Tras descartar que el orificio fuera el de un tiburón, decidió, de forma prácticamente instintiva, contener la respiración.

«Lo único que me preocupaba es que me pudiera arrastrar hacia el fondo y liberarme en las profundidades del Océano Índico», recuerda Schimpf.

Segundos después, todos comprendieron que la ballena había escupido de vuelta a Rainer y lograron comprobar que no había sufrido ninguna herida.

“Me imagino que para la ballena también fue aterrador. Son animales muy sensibles y atentos a lo que hay a su alrededor pero cuando abren la boca no ven lo que está al frente”, dijo Claudia Weber, una buzo que se encontraba presente.

Afortunadamente, la ballena se dio cuenta de que Rainer no era una de sus presas y lo regresó de inmediato. La fuerza de estos animales es sorprendente, de manera que resulta un verdadero milagro que Rainer no sufriera ninguna herida.

“Fue una experiencia muy interesante para mí pero definitivamente es algo por lo que no quiero volver a pasar”, dijo Rainer.

«Sabía que no me iba a tragar porque no lo había hecho a posta, simplemente no me vio», aseguró el buzo, quien después de encontrarse con cerca de 100 cetáceos, está convencido de que definitivamente la ballena se mostró amable gracias a la simpatía que ella vio en él.

El confundido buzo regresó de inmediato al barco y le preguntó al fotógrafo si había logrado capturar ese momento tan único.

“Quiero aclarar que las ballenas no comen personas. Esto no fue un ataque. No fue culpa de la ballena. Ellas son gigantes gentiles. Simplemente fue un accidente”, dijo Claudia Weber.

«Sabía que no me había engullido un tiburón, porque estaría muerto», sentenció Rainer.

Es prácticamente lo único que Schimpf puede recordar hoy de aquel día que ha marcado su vida desde entonces.

Es hermoso saber que la ballena fue amable porque intuyó que Rainer no le haría daño. Es lo que todo animalito debería ser capaz de vivir.