Fue utilizado por un criador y cuando ya no podía caminar lo abandonó de la peor forma

Animal Aid Unlimited recibió una alerta sobre un perro discapacitado que había sido abandonado. Su dueño lo había usado para la cría, y una vez que ya no lo necesitaron, lo dejaron atrás para que se las arreglara solo.

Sin embargo, y sin argumentos para justificar de ninguna manera un caso de abandono o negligencia, la situación del perro era aún más complicada, pues el animal no podía caminar para valerse por sí mismo, así que los rescatistas y voluntarios empezaron a ayudarlo de inmediato.

Las patas traseras de Pumba estaban inmóviles, pero sabían que tenían que ayudarlo

Este tipo de problemas suele ocurrirle con frecuencia a los perros ancianos de razas muy grandes. Se trata de un problema en sus caderas que ocasiona cojera y, si la situación no es atendida a tiempo, acaba dejando al animal imposibilitado para caminar.

Sin embargo, si hay un equipo que jamás se da por vencido cuando se trata de ayudar a un animalito en apuros, esos son los integrantes de Animal Aid Unlimited, así que tras hacerle los estudios pertinentes a Pumba y tener un diagnóstico, supieron exactamente lo que debían hacer.

Mira cómo con la ayuda de estas personas y con una buena terapia, Pumba pudo salir adelante

El primer paso sería la hidroterapia. Estaba claro que a este gentil gigante nunca lo habían llevado a pasear ni se le había permitido jugar, por lo que habría que introducirlo en el ejercicio lentamente. El buen chico cooperó y se puso de lleno, y no sabían qué era lo que más amaba: ¡el agua o la atención!

Sus momentos en la piscina para fortalecer sus patas traseras de una forma placentera, indolora y divertida, fue acompañada de breves paseos en los cuales se le ayudaba para que caminara sin problemas.

En la sexta semana, ¡Pumba pudo pararse por sí solo! Aún se tambaleaba un poco, pero el avance era más que significativo. Sus ayudantes sabían que aún quedaba trabajo por hacer y continuaron adelante con la terapia, esta vez con más entusiasmo.

Su sueño era ver a Pumba caminar como alguna vez lo hizo y no bajarían los brazos hasta lograrlo… ¡Ya estaban muy cerca de ver ese objetivo cristalizado! Pronto Pumba no solo podía ponerse de pie por sí solo, también podía dar caminatas y hasta correr.

Poco a poco Pumba recuperó la movilidad de sus patas y volvió a caminar

El momento más feliz de Pumba fue cuando pudo compartir con otros animales y jugar con otros perros. Nunca había podido hacerlo, así que no estaba dispuesto a perder la oportunidad.

¡Verlo vivir feliz, con todo el amor, la diversión y las atenciones que merece una mascota es realmente motivador!

¡Ahora puede jugar junto a otros perros!

¿Quieres llevarle un toque de esperanza y felicidad a otros? Pues la historia de Pumba es el pretexto perfecto para hacerlo, ¡compártela!

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