Inexplicablemente el mar está arrojando a cientos de peces en la arena de una paradisíaca playa

Pie de la Cuesta es una comunidad mágica de la Laguna de Coyuca, en México, poblada de pescadores que no necesitan cañas para sacar los peces porque lo hacen con sus propias manos, pero también de agricultores que trabajan bajo el paraguas del orgullo de su producción.

Un lugar que vive del turismo y del que dijera una vez el gran Gabriel García Márquez fuera su principal motivo de inspiración para escribir su inmortal novela «Cien años de soledad», durante una marcha que el premio Nobel colombiano hiciera en 1960, desde Acapulco a Pie de la Cuesta.

En una de las playas de este lugar maravilloso tocado por la mano de Dios se ha dado un hecho insólito e inexplicable para todos los expertos en biodiversidad.

Un vídeo alucinante que ha sorprendido recientemente a los usuarios de las redes sociales muestra cómo cientos de peces yacen vivos en las costas de Acapulco, en la playa de Pie de la Cuesta.

Sus habitantes y expertos en la materia coinciden en presumir que el hecho pudo haber sido producto de la fuerza de las corrientes marinas que los arrojó brutalmente lejos de casa, hacia la superficie de la arena.

La zona se localiza a unos 10 km al noroeste del puerto mexicano de Acapulco, en las costas de Guerrero, famosa por sus bucólicas puestas de sol y ahora, con esta especie de “multiplicación de los peces” inexplicable y moderna.

¡Es un milagro de la naturaleza!

Además, en las imágenes se puede observar también un grupo grande de lugareños aprovechando el extraño fenómeno para recoger esta inmensa cantidad de peces de dos especies diferentes con sus propias manos: un cardumen de jureles empujando uno mayor de sardinas, mientras, otros pescadores lo hacen con sus cuerdas y cañas de pescar.

¡Ahora el mar expulsa peces en Pie de la Cuesta, Acapulco! Un espectáculo difícil de olvidar”, comentó un usuario al ver el vídeo.

Por su parte, aún se debate entre la posibilidad cierta de que hayan sido las corrientes marinas o, más bien esto se deba a un reajuste en la naturaleza que está volviendo a respirar, paradójicamente, gracias a nuestra ausencia debido al confinamiento y, por tanto, la falta de bañistas en las playas.

“Sea como sea, nadie ha podido explicar el hecho”, resumió otro internauta en su comentario.

Lo cierto es que el agua de las costas de Guerrero ha visto resurgir su bioluminiscencia y su transparencia de cristal desde que se impusieron las medidas de confinamiento voluntario y el planeta pareciera estar descansando; me gustaría pensar que también perdonándonos por tanto daño sinsentido que le hemos causado.

La situación ha sido calificada por muchos como un acto divino y tal vez lo sea; este nuevo regalo que nos brinda nuestro Hogar azul, aliviará la golpeada economía de los habitantes de esa zona dedicados al turismo.

Nosotros, los hombres hemos hecho más daño al planeta en estos últimos cien años que en los 15.000 millones de años de existencia que tiene La Tierra.

Cuando resurja la armonía hombre-naturaleza, esta debe quedar asentada en un compromiso serio y sublime, que cada uno perdone al otro cesando todo acto de agresión; ¿qué gracia tiene perdonar y continuar agrediendo? Perdonar es un asunto serio.

¡Es impresionante y nadie puede creerlo!

El planeta está agotando sus topes de tolerancia hasta que no pueda más, esperando que los seres humanos tomemos conciencia del daño que le causamos regresando a la armonía y a la convivencia con él. Comparte esta noticia con tus familiares y amigos.

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