Instala una cámara de seguridad para asegurarse de que una gatita y sus crías estén a salvo

Todos nos hemos cruzado alguna vez con un gato callejero, pero pocos sabemos que ese animal que nos observa inmóvil desde lo alto de un muro, o desde algún callejón, no es una mascota como nuestros gatos domésticos.

La calle y el hecho de haber sido dejados a su suerte los despojan de esa domesticación que les permitía vivir en un hogar.

María Cassano es una mujer de Long Island, en el estado de Nueva York, Estados Unidos, quien hace unos meses notó con preocupación cómo una gata pasaba por el patio trasero de la casa de su padre, ubicada en la mencionada localidad estadounidense y en compañía de su cría, un gatito bebé.

Lo que más temía la mujer es que los felinos no estuviesen alimentados adecuadamente y la gata no pudiera amamantar a su hijo, por lo que trató de darles de comer, a pesar de que, en un principio el dueño de la casa se opuso. Sin embargo, finalmente accedió.

“Mi papá es muy hábil y, aunque no es fanático de tener mascotas en la casa, es un tipo realmente empático y le encanta ayudar”, aseguró María.

La mujer comenzó a llamar a la gata “mamá” para que se acercara a comer afuera de la casa. De esta manera, la peludita y su bebé se convirtieron en asiduos visitantes. No obstante, ahora la nueva preocupación de la familia era el intenso clima frío de la región.

Al poco tiempo, la gatita fue mamá por segunda vez. La familia crecía y, preocupado, el padre de María decidió instalar una cámara con visión nocturna para asegurarse de que todos regresaran a salvo a dormir, sin imaginar las hermosas imágenes que obtendría con esta idea.

Uno de sus vecinos adoptó al gatito pequeño, pero la madre seguía en las calles y pasaba por la casa del padre de María a comer, por lo que el hombre decidió construir una casa solo para esta mamá.

“Cuando su novia y yo comenzamos a preocuparnos por los gatos que sobrevivieron al clima frío, mi padre compró lo necesario para hacer una casa para gatos, con calefacción y cubierta con materiales impermeables. Construyó una base y la colocó en el patio trasero”, cuenta María.

Finalmente, María logró acercarse y, en pleno otoño llevó a mamá y a su gatito a un refugio local para esterilizarlos y vacunarlos.

Mamá duerme ahora calientita

“Era otoño, y en el refugio la madre estaría bien, pero el gatito probablemente era demasiado joven para sobrevivir el invierno si se dejaba afuera”, agregó la mujer.

En vista de ello, la mujer protegió al pequeño gato del clima frío hasta que pudo encontrarle un hogar definitivo. Por su parte, la gata ahora tiene dos amigos felinos más, llamados Inky y Finky, quienes adoran pasar largo tiempo juntos jugando y retozando en el patio trasero de la vivienda.

Hoy en día, la mujer y su padre han conseguido construir algunas casas más y un iglú para gatos. Gracias a ambos, los felinos callejeros cuentan con un lugar caliente donde resguardarse del frío de la noche.

Teniendo en cuenta que una gata puede tener más de diez gatitos al año, y que los gatos sin cuidado pueden transmitir enfermedades, son muchos los que, como María y su padre se preocupan y entienden la importancia de controlar y cuidar a su población.

Comparte esta historia con tus amigos más cercanos. Son cientos de miles de gatos y animales domésticos en situación de calle que conviven con nosotros día a día. No los ignores.

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