“Los aviadores navales nunca mueren, solo montan al cielo para llegar más alto, adiós Valentina”

El trabajo bien realizado en cualquier área de la vida merece ser reconocido. Son muchos los animales de salvamento quienes entregan su vida en el fragor de la lucha por rescatar a los seres más necesitados. Son increíbles, lo dan todo sin reservas.

Seguramente, todos recordaremos la historia de Valentina, una valiente labradora que supo ganar su puesto como parte integrante del Grupo Aeronaval Norte de la Armada de Chile. Jamás será olvidada, pues ahora que ha fallecido, sus compañeros humanos le rindieron un sentido homenaje para despedirla.

“Los aviadores navales nunca mueren, solo montan al cielo para llegar más alto”, fueron algunas de las palabras emitidas por los rescatistas durante el funeral de la canina.

También conocida cariñosamente como “La Gordis”, o “Vale”, Valentina ingresó a las Fuerzas Armadas del país austral en el año de 2013. Fue rescatada por el ejército de las manos de un sujeto que pretendía meterla en un saco y arrojarla por la ventanilla de su automóvil.

Posteriormente, el cuerpo castrense decidió adoptarla e integrarla a sus filas, donde llegó a ostentar el grado de cabo primero durante más de 7 años de servicio, mismos que la hicieron merecedora de varias condecoraciones y medallas al mérito.

Desgraciadamente, para todos en el equipo, “Vale” emprendió su propio camino hacia las alturas el pasado sábado 20 de marzo. Sus restos fueron cremados y permanecerán en la base naval, según informaron en una cuenta en las redes sociales dedicada a la peludita.

“Al igual como llegó, llena de amor, se fue al cielo para llegar más alto y, desde allá, apreciar los vuelos de aquellos que le devolvieron la vida un 14 de febrero del 2013. Ella seguirá acompañándonos siempre en nuestros corazones como nuestro pequeño ángel. Te amamos ‘Vale’”, agregó el texto de la publicación.

Insuficiencia cardiaca fue la causa de la muerte de la muy amada Valentina. Siempre será recordada como una veterana con mucha experiencia dentro de la unidad. Su último reconocimiento lo obtuvo por esos 7 años ininterrumpidos salvando vidas inocentes.

Si algo quedó bien claro, es que sus compañeros extrañarán la alegría que Valentina regó por cada milímetro de los cuarteles, siendo quizás la funcionaria más activa y divertida de todas. Fue una guardiana celosa e inquebrantable, siempre dispuesta a ayudar a quien más sufre.

Definitivamente, este es un ejemplo más de la maravilla que reside en cada perrito. Sobre todo, cuando se saben y se sienten queridos y valorados por nosotros, los humanos.

Desde que era una pequeña mota de pelos, Valentina estaba destinada a aquel grupo de militares que la salvaron y serían su familia para siempre. Por eso el amor que les prodigó le fue devuelto con creces.

Comparte esta historia con tus familiares, amigos y seres queridos. Cuando perdemos a una mascota, se podrá haber escapado de nuestra vista, pero jamás de nuestros corazones. ¡Vuela alto, Valentina!