Muere el oso polar más triste del mundo tras 21 años de encierro en un zoológico

Es lamentable que cada día tengamos que despedirnos de animalitos de diferentes especies que mueren como consecuencia del calentamiento global, la destrucción de su hábitat provocada por el hombre, o lo que es más triste, verlos morir en lugares encerrados para el disfrute de las personas. Esta vez nuestro protagonista es un oso polar que vivió encerrado 21 años en un zoológico y tras una larga agonía fuera de su hábitat murió recientemente.

Cada vez es más frecuente la muerte de animales que son sacados de su hábitat.

Todos sabemos que cuando los animales son sacados de su hábitat natural para trasladarlos a lugares no adecuados como los zoológicos, ponen en riesgo no solo la vida del animalito sino desequilibran todos los tipos de biomas de nuestro planeta. Muchos de los animales que son sacados a la fuerza de su espacio no aguantan la tristeza y pasan sus días cargando una gran pena.

Este osito polar se ganó el nombre del oso más triste del mundo.

No en vano el osito se dio a conocer con un nombre que para nada debe alegrarnos, cuando los animalitos de esta especie son trasladados a acuarios o zoológicos, viven con una gran tristeza. Este oso polar pasó más de dos décadas encerrado en un zoológico y falleció sin conocer lo que es vivir realmente en libertad ni compartió con otros osos polares. Incluso, el osito sufrió de depresión en varios momentos de su vida.

El verdadero nombre del oso es Tongki.

Aunque muchas personas disfrutan ir a los zoológicos para contemplar animalitos que jamás veremos en nuestra cotidianidad, existen lugares que velan y cuidan a los animalitos como las reservas naturales o santuarios. Un zoológico no es un lugar adecuado para un animalito y mucho menos para un oso polar. Tongki sería trasladado a un santuario pero su pena moral fue tan grande que falleció antes de tiempo.

Tongki estaba encerrado en el parque Everland, en Corea del Sur.

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El osito tuvo que soportar varios meses de calor tropical, pasaba horas en una piscina mientras era fotografiado por los turistas. Lamentamos que justo cuando tuvo la oportunidad de vivir en un lugar mucho más cómodo para él falleció.

Miles de personas firmaron peticiones para que Tongki fuera reubicado en un lugar adecuado para él.

Deseamos que las personas tomen consciencia y comprendan que los animales no deben sacarse de su hábitat solo para complacer el ojo humano. La vida de cada animalito es importante no solo para ellos sino para que todos los seres vivos podamos sobrevivir en este planeta.

Comparte la nota y seamos la voz de aquellos animalitos que ya no están y merecen ser honrados.

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