Salva la decoración de Navidad de su casa gracias a las mandarinas que tanto odia su gato

Tener un gatito en nuestra casa es maravilloso, pero no siempre se comportan como quisiéramos, son criaturas independientes y les encanta experimentar con los objetos que le rodean.

En Navidad, los típicos árboles decorados peligran con nuestros inquietos ronroneadores, por eso una mujer inventó una estrategia para evitar que el suyo estropeara la Navidad. Irene Oloccoes la dueña de Víctor, un travieso y juguetón gatito que es el alma del hogar.  

Víctor es incansable, pasa todo el día persiguiendo cosas y husmeando a ver qué nueva travesura se le ocurre¡No es nada tímido este minino!, corre por todos lados y tropieza con las cosas por donde pasa. Es un encanto mirarlo tan feliz. 

En casa están siempre alertas porque cada vez es más creativo con sus picardías gatunas. Pero, Irene se percató desde su llegada, que había algo que lo mantenía a raya, increíblemente tenía una gran aversión hacia las mandarinas.

Víctor detesta las mandarinas y cualquier otra clase de cítrico

Y no solamente es con las mandarinas, cualquier tipo de cítricos le causa esa extraña reacción. Sencillamente no podía estar cerca de ellas, no las toleraba. ¡Por fin, algo que pudiera controlar al revoltoso felino! 

“Estábamos juntos en el sofá, agarré una mandarina y, cuando comencé a pelarla, siseó y salió corriendo”, comentó la sorprendida Irene. 

Irene no tiene la menor idea de por qué eso le perturba tanto, pero supo usar ese as debajo de la manga para proteger algunas cosas importantes, especialmente en esta época del año. 

Como la mayoría de las personas en diciembre, Irene se afana en decorar la casa. Pero le preocupaba muchísimo el arbolito de navidad, que quedó realmente hermoso, por cierto. 

El pino estaba cargado de hermosos adornos y luces que iluminaban el hogar. Pero, cada mañana aparecían regados por el suelo. La mujer buscaba a su alrededor y encontraba a Víctor con su carita de inocente, después de haber causado estragos en el arbolito. Fue entonces cuando se le ocurrió una genial idea.  

“Comencé a poner naranjas o mandarinas en los muebles donde no quería que se subiera y funcionó”, confesó la preocupada mujer. 

No se trataba de infundirle miedo, sino de adecuar su comportamiento, y conociéndolo como ella lo conocía, es mejor evitar que el árbol termine como uno de los destartalados juguetes del minino.

Así que el gato mira de lejos el ataviado árbol, y ni se acerca. Irene gasta ahora más en cítricos de lo normal, pero es el precio para mantener la Navidad a salvo. Víctor, sigue alerta, rogando que pase rápido la temporada de las mandarinas, pero Irene está preparada, en la frutería se ha vuelto una cliente fija.

Irene y su amado y travieso Víctor

Mientras tanto, ella lo mima de muchas maneras, y no deja de darle juguetes para que descargue su inquieta vitalidad con ellos. ¡Lo que hacemos por nuestros preciosos gatitos! No quiero ni imaginarme si lo único que odiara fuese el caviar.  

Comparte esta historia con todos tus amigos y seres queridos, en esta época de buenos deseos y amor démosle la oportunidad a nuestro gato de hacer pequeñas travesuras sin dejar de enseñarles a comportarse.  

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